Tras la derrota del Imperio Napoleónico (1815), los países que vencieron la guerra, reunidos en el Congreso de Viena (imagen de la derecha), establecieron en Europa el régimen de la Restauración, cuyo objetivo era restablecer el absolutismo y garantizar el equilibrio entre las grandes potencias. Para ello trazaron un nuevo mapa europeo.
![]() |
| Congreso de Viena (1815) |
Pero desde 1820 Europa se convirtió en escenario de numerosas revoluciones, que se hicieron en nombre de tres grandes ideales:
- Liberalismo (moderado, progresista o democrático), que lucha por las libertades individuales;
- Nacionalismo, que lucha por los derechos políticos de una nación;
- Socialismo, que lucha por los derechos sociales y políticos de la nueva clase obrera industrial.
En la primera mitad del siglo XIX predominaron las revoluciones liberales, cuyo objetivo era establecer regímenes liberales o profundizar en ellos. Hay tres grandes oleadas revolucionarias: 1820, 1830 y 1848. Al final del período el liberalismo había logrado triunfar en buena parte de la Europa occidental, quedando el absolutismo limitado a la Europa Central y Oriental.
EL NACIONALISMO
En la segunda mitad del siglo XIX el principal motor del cambio fue el nacionalismo, cuyo objetivo era unificar en un solo estado a naciones que estaban divididas (unificación de Alemania e Italia); o lograr la independencia de naciones que estaban sometidas a otras (estados surgidos en los antiguos territorios turcos de los Balcanes).
LA UNIFICACIÓN ITALIANA
En el siglo XIX, la península itálica estaba dividida en varios reinos independientes. Algunos estaban gobernados de forma autoritaria por familias reales de Austria y Francia.
Causas de la unificación. La región norte, especialmente el Reino de Piamonte, estaba mucho más desarrollada que el centro y el sur. A la nobleza y a la burguesía industrial les interesaba la unidad, pues así aumentaría el mercado consumidor y el comercio. Por lo tanto, el movimiento de unificación fue conducido por el Reino de Piamonte, donde Cavour pretendía que su rey, Víctor Manuel II, reinara constitucionalmente sobre una Italia unida.
Proceso y guerras de unificación. El proceso de unificación italiana no fue pacífico. El Imperio Austro-Húngaro no quiso ceder los reinos controlados por las familias reales austríacas. En 1859, con el apoyo de los movimientos populares, dirigidos por Garibaldi y los franceses, los piamonteses entraron en guerra contra Austria-Hungría. Victoriosos, los piamonteses fueron incorporando Lombardía, Parma, Módena y Toscana y más territorios hacia el sur.
Faltaba por unir Roma, que era la capital del Estado de la Iglesia y estaba protegida por los franceses. No obstante, en 1870, Francia entró en guerra contra Prusia, y las tropas francesas de Roma fueron convocadas. Sin esa protección militar, los italianos conquistaron la ciudad, transformándola en la capital de Italia. La unificación estaba concluida. La Iglesia sólo reconoció el Estado italiano en 1929, a través del Tratado de Letrán.
LA UNIFICACIÓN ALEMANA
Antes de la unificación, el territorio alemán estaba fragmentando en 39 estados que formaban la Confederación Germánica. Pero mientras que Austria era contraria a la unificación alemana, Prusia era favorable porque quería aumentar su influencia sobre el territorio y ampliar el desarrollo industrial. En 1834, Prusia lideró la creación del Zollverein (Unión aduanera de los estados germánicos) con el fin de facilitar el comercio entre ellos. La mayoría de los estados entraron en esta unión, pero Austria optó por quedarse fuera.
En el año 1862, el rey prusiano Guillermo I eligió como primer ministro a Otto von Bismarck, que sería apodado el Canciller de Hierro. La idea del rey era unificar los estados alemanes. Bismarck creía que para eso sería necesario el camino militar y aumentó el poder bélico de Prusia.
En 1864, con el apoyo austriaco, Prusia conquistó los ducados daneses de Holstein y Schleswiq, que eran habitados por germánicos. Después de la Guerra de los Ducados, Bismarck mostró su descontento con la administración austriaca del condado de Holstein y declaró la guerra a Austria en 1866. Prusia derrotó a Austria.
Para completar el objetivo de unificar los estados germánicos, Prusia tuvo que conquistar los estados del sur. Sin embargo, el emperador de Francia, Napoleón III, se opuso a la idea de Bismark. En el conflicto de sucesión al trono de España, un pariente del rey de Prusia era uno de los candidatos. Napoleón III, temiendo el surgimiento del poder prusiano en la Península Ibérica, se opuso. Se inició la guerra franco-prusiana en 1870. Prusia venció. Guillermo I fue proclamado emperador de Alemania en 1871, completando el proceso de unificación de Alemania. Ese mismo año se firmó el Tratado de Frankfurt entre Francia y Alemania.
ESPAÑA EN EL SIGLO XIX
En ESPAÑA, las Cortes, que formaban una especie de gobierno provisional durante la guerra contra los franceses, se reunieron en Cádiz y redactaron la primera Constitución liberal de la Historia de España: la Constitución de 1812, que establecía la soberanía nacional, el sufragio universal (pudiendo cualquier ciudadano ser elegido diputado), la división de poderes (el rey conservaba el poder ejecutivo) y una larga serie de derechos, aunque no la libertad religiosa.
Al regresar a España en 1815 Fernando VII anuló toda la obra revolucionaria de las Cortes de Cádiz (recuerda que las vimos en el tema 2). Restauró el absolutismo y lo logró mantener hasta su muerte, a excepción del paréntesis del trienio liberal (1820-1823).
Pero tras su muerte, en 1833, estalló una guerra civil entre dos bandos.
- Por un lado, estaban los carlistas, partidarios de que fuera rey Carlos María Isidro, hermano menor de Fernando VII. Los carlistas defendían el mantenimiento del Antiguo Régimen.
- Por otro lado, estaban los partidarios de que fuera reina Isabel II, la hija de Fernando VII, que aún era una niña. Como los absolutistas defendían a Carlos, los defensores de Isabel II buscaron el apoyo de los liberales.

Isabel II
De esa forma, la guerra de sucesión se convirtió en una guerra entre absolutismo y liberalismo. La victoria del bando de Isabel II en 1840 significó el triunfo definitivo en España del liberalismo, si bien en su versión moderada.
Durante el largo reinado de Isabel II (1833-1868) se mantuvo un régimen liberal muy inestable, en el que continuamente se sucedían los golpes de Estado militares (se les llamaba pronunciamientos). Además las libertades estaban muy limitadas, empezando porque solo los más ricos podían votar (o sea, que había sufragio censitario).







No hay comentarios:
Publicar un comentario